miércoles, 15 de febrero de 2017
TENDENCIAS DE LA EDUCACION SUPERIOR EN NICARAGUA
UNIVERSIDAD MARTIN LUTERO
PROGRAMA DE DOCTORADO
DOCTORADO EN EDUCUCACION
TRABAJO DE CURSO
ENSAYO - TEMATICA
TENDENCIA DE LA EDUCACION SUPERIOR EN NICARAGUA
Doctorantes
Msc. Juan Álvarez Álvarez
Msc. Oscar Galarza Balladares
Tutor
Dr. Raúl Ruiz Carrión
San Carlos, Rio San Juan
Nicaragua, América Central
TENDENCIAS DE LA EDUCACION SUPERIOR EN NICARAGUA
RESUMEN
Es inherente e importante que dentro de este contexto de globalización y mundialización en el que nos vemos envueltos y que además vivimos es necesario mencionar que las Universidades deben de implicarse en la necesidad de seguir evolucionando, pero hablamos de una evolución que deberá ser más ligera e innovadora.
El rol de las Universidad nicaragüense debe asumir con más certeza y beligerancia el cómo contribuir con la aportación de soluciones a problemas sociales de toda índole y a generar por tanto desde la docencia, la investigación y la extensión una sinergia con la comunidad a la que se debe.
Para lograr este desafío la Universidad deberá reflexionar sobre sus sistemas de gestión actual, indagando como hacer posible que éste se implique propositivamente en conseguir que la comunidad universitaria sea más eficaz y efectiva frente a las necesidades de la sociedad nicaragüense en función de un desarrollo integral y sostenible, sin obviar que estamos inmersos en un mercado global.
Palabras clave: Reforma educativa, política educativa, planificación y gestión educativa, Docencia, Investigación, desarrollo del potencial.
Introducción
En 1995 ingresaron también al CNU y, por lo mismo participan del 6%, dos universidades comunitarias de la Costa Atlántica: la Bluefields Indian and Caribbean University (BICU), con sede en Bluefields (Región Autónoma Atlántico Sur, RAAS) y la Universidad de las Regiones Autónomas de la Costa Caribe de Nicaragua (URACCAN), con sede en Puerto Cabezas (Bilwi), Región Autónoma Atlántico Norte (RAAN).
A partir de los primeros años de la década de los 90, se inició en Nicaragua un proceso de proliferación de universidades privadas, que se aceleró en los últimos años al punto que actualmente funcionan en el país, además de las diez instituciones que integran el CNU, 43 universidades privadas, autorizadas por el CNU.
Conceptos básicos
Las instituciones de educación superior no sólo deben ser eficaces sino que deben buscar y alcanzar la eficiencia. La eficacia es la obtención de los resultados deseados, y la eficiencia se logra cuando se obtiene un resultado deseado con el mínimo de insumos (Chase y Aquilano, 1995).
La eficiencia resulta del logro de los objetivos propuestos si ello se hace con costes mínimos (Monserrat et al, 1998). La eficiencia se refiere al uso óptimo de recursos en beneficio del logro de los objetivos planificados (Espinoza et al, 1994).
Se trata de un concepto cuyo origen se remonta a Robins (1932), específicamente a su definición económica, y cuya idea central postula la existencia de un tipo de actividad humana que adecua medios, que son escasos y de uso alternativo, a fines múltiples y jerarquizados. Si se traslada ésta concepción de racionalidad a la empresa productiva, significa el aprovechamiento de recursos escasos para producir bienes y servicios.
Por su parte el concepto de productividad se define como la relación entre outputs e inputs, esto es entre los productos y los insumos necesarios para su producción.
La productividad es una medida de la eficiencia del empleo de los recursos para generar bienes y servicios, que compara cuanto producimos con los recursos que utilizamos para producirlo.
La productividad, definida como la relación producto/insumo, refleja la eficiencia de las operaciones internas o cuán bien se emplean los recursos en un sistema (Seymour, 1995).
La productividad alude a los productos por unidad de insumo. Tal medida es una razón entre producto e insumos (Chase y Aquilano, 1995). En la medida en que se aumenta la producción empleando igual cantidad de recursos, se es más eficiente desde el punto de vista económico (mayor producción, menores costos). Para la OCDE,
Productividad es igual a producción dividida por cada uno de sus elementos de producción.
Según la OIT los productos son fabricados como resultados de la integración de cuatro elementos principales: tierra, capital, trabajo y organización. La relación de estos elementos a la producción es una medida de la productividad.
Para la EPA productividad es el grado de utilización efectiva de cada elemento de producción. Es sobre todo una actitud mental que busca la constante mejora de lo que ya existe. Está basada sobre la convicción de que uno puede hacer las cosas mejor hoy que ayer, y mejor mañana que hoy, lo cual requiere esfuerzos continuados para adaptar las actividades económicas a las condiciones cambiantes y aplicar nuevas técnicas y métodos, es por tanto la firme creencia del progreso humano.
Los productos son bienes o servicios. Los insumos son los recursos empleados para crear tales productos. Sin embargo, la productividad no sólo debe referirse a la cantidad de lo que se produce sino que debe incorporar además la calidad del producto, de manera que es posible redefinir dicho concepto para que incorpore elementos como la calidad y la satisfacción del cliente, en dicho caso la productividad sería la relación entre eficacia y eficiencia, donde la eficacia es hacer lo correcto y eficiencia es hacer las cosas correctamente (Chase y Aquilano, 1995).
La productividad y eficiencia que se le exige a las universidades no sólo tiene una dimensión económica, la Universidad actúa como un servicio público y por ende, no sólo es regulada por el mercado o los precios, sino que se enfrenta el desafío de la “eficiencia social”, entendiendo por tal la capacidad de satisfacer, sin limitaciones ni discriminaciones de tipo alguno, la creciente demanda con una educación masiva de calidad, altamente pertinente ante los requerimientos de la sociedad como así también consciente de las carencias e inequidades que en esa sociedad se verifica (UNESCO, 1998).
Existe, no obstante, la creencia de que no es posible incrementar la calidad sin afectar de manera significativa la productividad y la eficiencia de la organización, empresa o sistema.
Lo anterior es de especial relevancia al interior de las universidades donde el paradigma convencional es que sólo las universidades dotadas de mayores recursos pueden proporcionar una educación de calidad en comparación con universidades de menores recursos que pueden sólo aspirar a un desempeño mediocre en esta área.
La preocupación por la pertinencia tiene ya su espacio en la educación superior nicaragüense y también en el actual discurso universitario. Dicha preocupación es compartida por todos los actores sociales interesados en la educación superior: gobierno, empresa privada y sociedad en general.
En el mismo sector estudiantil se ha instalado, como una justa preocupación, ante el temor de los jóvenes de recibir una educación que no les prepare adecuadamente para los nuevos retos del mundo laboral y de la sociedad.
Entre las tendencias más promisorias que encontramos en la educación superior nicaragüense se encuentra la acogida que ha recibido, de parte de todas las instituciones, públicas y privadas, la propuesta de crear un Sistema Nacional de Evaluación y Acreditación.
La "cultura de evaluación" está así iniciando su instalación en el quehacer universitario del país, y lo hace apuntando hacia una evaluación formativa (no punitiva) que tenga como objetivo mejorar la calidad y la pertinencia de las IES.
La anuencia con el establecimiento de tal Sistema está ligada al respeto de los siguientes principios: i) que el modelo lo defina la comunidad académica nicaragüense y sobre la base de indicadores que tengan en cuenta el contexto nacional; ii) que promueva la calidad y sea respetuoso de la autonomía universitaria; y iii) que se evite cl riesgo del predominio de criterios extraregionales y se estimule la coordinación con el SICEVAES del CSUCA.
La calidad y productividad docente en la educación superior
Los requerimientos de calidad y productividad aplicados a un proceso de docencia implican no sólo identificar y comprender el comportamiento de las variables que inciden en este proceso sino que también determinar el nivel mínimo de calidad y productividad necesarios para garantizar una educación superior eficaz y eficiente, y por otro la continuidad y desarrollo de la Institución.
El nivel de calidad es un concepto que puede ser medido y evaluado “per se” (normativo) o en términos relativos: comparación con pares, percepción de los usuarios e interesados, etc. Otro tema relevante es definir qué es más importante: alcanzar un cierto nivel de calidad o evolucionar en un contexto dinámico.
Estos conceptos relativos, intangibles y muchas veces subjetivos, no permiten una evaluación concreta y/o absoluta, lo que obliga al diseño de mecanismos de control diferentes.
El resultado de ello es la creación de “indicadores” que permiten relacionar funcionamiento, recursos y resultados respecto a actividades, eventos, procesos, unidades organizacionales y otros componentes de la institución.
Las universidades pueden y deben tener más calidad pero, además, necesitan tener evidencias de ello para justificar ante quienes les proporcionan recursos (sean éstos las autoridades estatales o sus usuarios), que sus aportes están siendo bien utilizados.
Evolución y docencia en la educación superior
La evaluación de la docencia en instituciones de educación superior debe constituir un valioso instrumento que proporcione elementos de juicio para analizar a fondo los procesos educativos, convirtiéndose en un proceso que arroje información para promover y asegurar la mayor calidad, eficiencia, productividad y pertinencia de las acciones y resultados de la docencia.
Desde la década de los años 70 se ha propuesto la utilización de indicadores para definir de una manera objetiva la calidad, eficiencia y productividad de la educación superior y como un mecanismo a través del cual las instituciones pudieran dar cuenta del cumplimiento de su responsabilidad educativa.
Desde la óptica de la evaluación se han buscado diferentes definiciones para el término “indicador”. Es así como en un trabajo realizado por OCDE, Institutional Management in Higher Education Programm, se define indicador como “un valor numérico utilizado para medir algo difícil de cuantificar”. Por su parte Ortiz define este término como un instrumento que es utilizado para medir, comparar, dar seguimiento y apoyar el avance de resultados y representan medidas sobre aspectos que no son directamente mensurables.
Sin embargo, la realidad de un sistema educativo es enormemente compleja, por lo que ningún indicador particular podría abarcarla en su globalidad. Particularmente en el ámbito de la docencia en Educación Superior, la complejidad se refiere a qué tipo de evaluación resulta más adecuada, dada la naturaleza del objeto de estudio que constituye la calidad y productividad de dichas instituciones. Para intentarlo se necesitan muchos indicadores, que en conjunto cubran sus múltiples dimensiones.
Es fácil contar con información sobre el número de docentes, el de alumnos o el de libros en la biblioteca, y construir indicadores como el de alumnos por docente o el de libros por alumno.
Sin embargo, no se cuenta habitualmente con información suficiente para evaluar aspectos más complejos, pero esenciales si se quiere tener una visión completa de la calidad, tales como el grado en que se logran efectivamente los objetivos curriculares, tanto en el dominio cognoscitivo como, con mayor dificultad aún, en el afectivo.
Los indicadores tienen el atractivo de su claridad pero su limitante radica en que no es posible traducir, con precisión, las complejidades del proceso de interacción que se da en la docencia a términos numéricos. Es por esta razón, solamente se proponen indicadores de evaluación de la calidad y de la productividad para algunas áreas, ya que en otras, por su fuerte contenido subjetivo, no es posible establecer indicadores y menos aún estándares.
Elementos básicos para la innovación, la ciencia y tecnología
El desarrollo de la investigación científica integrada a la docencia, la proyección social y el sector productivo, es la base fundamental del valor social que la Educación Superior retribuye a la sociedad.
Las universidades desarrollan investigación aplicada con la visión de una aplicación tecnológica a los problemas sociales y a la economía y con un enfoque multidisciplinario.
Las universidades elaboran un Programa Nacional de Ciencia y Tecnología para la formación de cuadros científicos de alto nivel y el desarrollo de investigaciones vinculadas al desarrollo nacional. El programa contará con el respaldo del Gobierno de la República y la Cooperación Internacional.
Las universidades promueven y divulgan el desarrollo de la investigación a través de Jornadas Científicas Estudiantiles y Congresos Científicos de Docentes-Investigadores, así corno en los eventos de carácter nacional organizados por el CNU. Se diseña un plan de producción bibliográfico nacional, orientado a generar nuevos textos que faciliten y mejoren el aprendizaje estudiantil en general y de las Ciencias (Matemática, Física, Química, etc.). De manera particular se tomará en consideración la Educación Primaria y Secundaria.
Las Universidades, a través de la Facultad de Ciencias de la Educación y en coordinación con el MINED e INATEC desarrollarán programas de investigación asociadas con la Pedagogía del Aprendizaje y los métodos innovativos en la Enseñanza-Aprendizaje.
El escenario de la nueva reforma universitaria posibilita la integración a diferentes redes, la participación de las comunidades en la democratización interna y de la vida pública, así como la generalización de medios ambientes para un aprendizaje permanente.
Se trata de un cambio de modelo pedagógico y organizacional que comprende que la acción educativa se sostiene en la unidad de lo diferente, en la construcción de nuevos objetos de conocimiento, en la reflexión sobre el otro y la totalidad, en el impulso a esquemas de autoaprendizaje y en el reconocimiento de la diversidad.
Esta concepción de reforma universitaria se sostiene en la identificación de las fortalezas institucionales y regionales, en la comprensión de los desarrollos originales, en la búsqueda de la reconstitución de las propias capacidades de los individuos y de los sectores, y no en su diferenciación o en la reproducción de sus inequidades.
En términos de políticas en la educación superior, significa un modelo de cambio que favorece el intercambio de experiencias, la articulación de sus funciones, las interrelaciones y no la competitividad.
Lo que implica esto es un cambio de paradigma de lo que es la reforma universitaria en la época contemporánea, hacia la concepción de una organización abierta, de diferente nivel de participación de sus múltiples actores, flexible, auto-regulada y con una fuerte orientación con sustentabilidad y compromiso social.
La producción de conocimientos implica que el conocimiento que se produce en la investigación, pero también en los nuevos sistemas de aprendizaje, se define por el contexto de su aplicación y su utilidad pública.
Por ello, la producción y transferencia de conocimientos hace referencia a un proceso articulado, desde el conocimiento existente hacia el que se produce y recrea. Esto incluye, por tanto, un conjunto de elementos y componentes del saber hacer y saber cómo, experticia, técnicas y capacidades muy variadas, mecanismos, programas, instituciones, agencias y actores del proceso.
Una institución que se organiza para producir y transferir conocimientos a la sociedad debe ser, por tanto, compleja, dinámica y diferenciada. La organización de la innovación institucional y colectiva requiere de una incrementada eficacia en la toma de decisiones, en su descentralización, en su mayor participación horizontal, con mayor delegación de responsabilidades y autoridades, y de una amplia integración de unidades autónomas.
Ubicadas como instituciones de gran trascendencia para fines de desarrollo económico, cultural y social, las expectativas que se ciernen sobre las instituciones de educación superior y, en particular, las universidades están provocando presiones sin límites, en la redefinición de políticas y planes, la frecuencia de programas y alternativas en la búsqueda de nuevos modelos de organización.
Estas tendencias e impactos hacen referencia a una dialéctica de escenarios que han alterado de forma significativa lo que la idea de universidad era hasta hace unas cuantas décadas, en relación a sus funciones, a sus sectores, a su gobernabilidad, a su calidad y a su lugar mismo en la sociedad.
Habrá que destacar, no obstante, que el impacto del nuevo patrón social, tecnológico y productivo global ha propiciado la emergencia de redes, estructuras de cooperación y nuevos marcos de integración a nivel regional e interinstitucional que presentan, en tendencia, la posibilidad de construir un escenario alternativo o paralelo al de la competitividad institucionalizada y a la lógica del modelo (dominante) de mercado.
Lo anterior hace referencia a la posibilidad de constituir un escenario de nueva reforma universitaria que apunta a una mayor cooperación horizontal entre instituciones y sectores, que se estructura en redes y en espacios comunitarios y trabaja en colaboración, sin perder su identidad institucional.
Es importante reconocer que el principal papel de la Universidad en este contexto y ámbito que actualmente se presenta es el de estar en constante la evolución de cara a la transmisión, generación y transferencia de conocimiento, generando así los mayores niveles de competitividad entre la comunidad universitaria del y para el país.
En este sentido seguir defendiendo de los detractores de las superiores casas de estudios que las Universidades son la mejor inversión que puede hacer una nación para gestionar el desarrollo del talento humano.
Por lo que, se debe dinamizar el trabajo de los planes y quehacer de la Universidad y sus miembros, decir no a la inercia hacia las mejores acciones de complementariedad; por lo tanto, fortalecer los modelos académicos mediante la concreción y operativización de currículos que estén acoplados con la realidad socioeconómica y cultural del país, incluyendo aquí la visión global del mundo.
Así que, lo dicho anteriormente permitirá reconocernos como miembro del universo diversificado de las estructuras funcionales de nuestras universidades partiendo del profesorado; los que, estamos involucrados en la loable tarea de ser necesariamente agentes de cambio político, económico, social y del cambio de mentalidad de los profesionales que se están formando académicamente bajo los objetivos institucionales y sobre las estrategias del Estado. Para esto debemos asumir compromisos innegables y encaminados al desarrollo de la comunidad.
Documentos de apoyo para referencia
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Fernández Lamarra, N. Compilador (2009). Universidad, Sociedad e Innovación: una perspectiva internacional. Buenos Aires: Editorial de la Universidad Tres
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